
Esto se publico con respecto al terremoto en el norte de Chile y los pueblos Aymaras
Las otras réplicas del terremoto del 13 de junio
Por:Bernardo Guerrero Jiménez
El terremoto ha puesto en boca del Chile del
centro y del sur palabras que nunca había escuchado: Matilla,
Mamiña, Sibaya, Huara, Huaviña entre tantos otros términos
aymaras. La prensa santiaguina se ha visto sorprendida por
un mundo que ni siquiera imaginaban que existía. Hablaban
de aldeas, y la gente que escucha esa palabra, asocia de
modo mecánico, la imagen de indios. Y éstos, se asoman con
plumas y tarrabos. Cuando el conductor de noticias se refiere
a la fiesta de San Lorenzo, habla de un fiesta pagana.
Ejerce sin saberlo, violencia simbólica. Hay pues una
ignorancia ilustrada. Se habla de patrimonio desde la academia. Los
aymaras dicen costumbre o religión. Se habla de riquezas
del pasado, ellos dicen de toda la vida.
El Chile moderno que se auto-presenta bajo la
forma de mall, costanera norte y telefonía celular, queda
"fuera de juego" ante la realidad que el terremoto se ha
encargado de hacer visible. La prensa parece un ejército de
ocupación, los periodistas corresponsales de guerra, en un
territorio que les conmueve, pero que rápidamente lo
encapsulan bajo la palabra folklore. Esta palabreja sirve para
ocultar la pobreza. O bien, disfrazarlo de modo que duela menos.
Estos poblados y su realidad pone en cuestión al país que
celebra tratados de libre comercio con todo el mundo, pero
que no puede celebrar tratados con su propia gente para
superar la pobreza. Y por favor, no caigamos en la trampa de
confundir tradición con pobreza como ciertos antropólogos
pretenden.
Las secuelas del terremoto no paran. Y no se
trata tan solo de pequeños movimientos telúricos, sino que es
peor. Se trata de conceptuar que se va a hacer con tanta
destrucción. El discurso oficial, bienintencionado por
cierto, diseña la respuesta que su lógica le aconseja. Botar todo
lo que quedó y sobre este terreno levantar medias aguas. Y
en forma provisoria, se agrega. Se ignora que en este país
lo provisorio siempre es definitivo. Tendremos las
quebradas llenas de mediagua. En invierno frío absoluto, y en
verano, calor absoluto.
Esta solución "Hogar de Cristo", dista mucho de
ser la mejor. Las mediaguas son soluciones pensadas desde
la institucionalidad gubernamental y desde la elite
caritativa e ilustrada. Les anima la buena intención, pero hay que
ir más lejos aún.
"Se me cayó el pueblo".
Conversando en un programa de televisión con el
arquitecto René Mancilla, me decía que había escuchado en
Huara, a una mujer expresarse así del terremoto. Hay que
hacer énfasis donde corresponde. Se le cayó el pueblo, no
solamente la casa. El aymara y los que desciende de esa etnía
piensan y habitan el mundo de un modo diferente al nuestro.
Hay una idea de conjunto, en la que la casa es sólo un
elemento. Una idea del todo, del cuerpo, de la totalidad que va
más allá de la estructura material de una casa. No existe
un pensamiento dicotómico, tan típico de la cultura moderna
y occidental, que separa las cosas en dos.
La casa o mejor dicho la vivienda es un
microcosmos, un lugar donde el cosmos tiene su sede. Una especie
de correspondencia en la que los elementos con la que se han
construido vienen de su entorno (No se usa la palabra
naturaleza, ya que ésta se opone a sociedad). Y los límites de
esa vivienda están marcados por las fronteras del ayllu. El
ayllu es la expresión de redes familiares amplias
La reconstrucción de los pueblos es una labor
que le corresponde dirigir y diseñar a la comunidad
organizada. Y hay experiencia al respecto. Para el terremoto que
derrumbó a la comunidad de Chiapa, entre otras, Jaiña, por
ejemplo, el año 1987, varias organizaciones no
gubernamentales, diseñaron una labor que valoraba el modo andino de
reconstruir. Se trataba de no agredir al pueblo con pino insigne
y zinc, sino que en actitud de combinación mezclar lo
propio con lo ajeno.
La paja brava, el barro, el adobe,
creativamente combinados con los elementos de la cultura urbana, bajo
la atenta mirada de especialistas y de la comunidad pueden
reconstruir un ambiente, donde mujeres y hombres, se sientan
identificados.
El paisaje no es una escenografía, es algo que
envuelve la vida. El paisaje al igual que el ganado y la
chacra tienen vida. La materialidad que se ha venido abajo,
es sólo una parte de esta compleja cultura.
No sólo hay que reconstruir casas, también hay
que reparar el corral de los animales que es un lugar de
culto, y limpiar y canalizar las acequias donde el espíritu
del amaru corre dando la vida. La reconstrucción de la rica
cultura aymara tiene que seguir la línea de continuidad de
estos antiguos habitantes de Tarapacá.
Copyright © Universidad Arturo Prat - Chile
***Articulo enviado por Emma Torres Bibliotecóloga Jefa Archivo Regional de Tarapaca a la lista de Bibliotecarios de Chile
***imagen sacada de: www.lapgis.chs.nihon-u.ac.jp/.../ huara-07s.jpg

felicitaciones, muy bueno el articulo, ademas que describe la triste realidad que se enfrentan las comunidades dañadas
muy interesante el articulo, me parece si preocupante la situacion que estos pueblos estan viviendo...no se debe perder su historia, ni su pasado, que es tambien su futuro
Gracias por la información que ofreces en tu blog. Ya te he enlazado como amigo (qué pronto; sí, porque soy visceral, y cuando algún blog me gusta, suelo visitar a menudo ese blog)
Saludos desd España.
Me gustaria, si es posible continuar un seguimiento de este articulo, para ver si resulta la reconstruccion
he visto la noticia en Tv, segun parece sera muy complicado recuperar los lugares dañados